sábado, 31 de julio de 2010

Estamos criando vagos


Por César Mella, Psiquiatra

Hay que llamarlos varias veces en la mañana para llevarlos a la escuela. Se levantan irritados, pues se acuestan muy tarden hablando por teléfono, viendo tele o conectados al internet.

No se ocupan de que su ropa y sus zapatos estén limpios y mucho menos ponen un dedo en nada que tenga que ver con "arreglar algo en el hogar"

Idolatran a sus amigos y viven poniéndoles "defectos" a sus padres, a los cuales acusan a diario de que "son anticuados"

No hay quien les hable de ideologías, de moral y de buenas costumbres, pues consideran que ya lo saben todo y no necesitan de Dios...qué es eso??

Hay que darles su "semanal" o mesada de la que se quejan a diario porque eso no me alcanza"

Definitivamente estamos rendidos y la tasa de retorno se aleja cada vez más, pues aún el día en que consiguen un trabajo hay que seguir manteniéndoles.

Me refiero a un segmento cada vez mayor de los chicos de capas medias urbanas que bien pudieran estar entre los 16 y los 24 años y que para aquellos padres que tienen de dos a cuatro hijos, constituyen un verdadero dolor de cabeza.

¿En que estamos fallando?

Para los nacido en los cuarenta y cincuenta, el orgullo reiterado es que se levantaban de madrugada a ordeñar las vacas con el abuelo; que tenían que limpiar la casa; que ilustraban sus zapatos; algunos fueron limpiabotas y repartidores de diarios; otros llevábamos al taller de costura la ropa que elaboraba nuestra madre o teníamos un pequeño salario en la iglesia en donde ayudábamos a oficiar la misa cada madrugada.

Lo que le pasó a nuestra generación es que elaboramos un discurso que ni dio resultado: "!yo no quiero que mi hijo pase por lo que yo pase!. Usted por que tiene lo que tiene...
Por que le costo esfuerzo... sacrificios, y así es que se aprende a valorar los esfuerzos de los padres y no acostumbrar a nuestros hijos a recibir todo por obligación.

Nunca conocieron la escasez, se criaron desperdiciando, a los 10 años ya habían ido a Disney World 2 veces, cuando nosotros a los 20 no sabíamos lo que era tener un pasaporte. El "dame" y el "cómprame siempre fue generosamente complacido y ellos se convirtieron en habitantes de una pensión con todo incluido, (TV, DVD, Equipo de sonido, Internet y comer en la cama,recogerle el reguero que dejan porque siempre se les hace tarde para salir..) y luego pretendemos que fuera un hogar o exigir o preguntarnos, por qué nuestros hijos se aíslan, no



lunes, 26 de julio de 2010

Cuando en la familia existe una comunicación difusa


Por Lic. Randall Cordero Montero.

Grupo Capacitaciones y talleres KIBO s.a

Teléfono: 2771-00-84

Hoy en día existen hogares en los que el diálogo ha sido sustituido por el silencio. Las conversaciones se limitan ha tan solo “buenos días”, “¿quieres comer?”, “me voy ha estudiar” o “adiós”. Hay muchos motivos por los que a veces poco a poco se habla cada vez menos; incluso con frecuencia se piensa que no hace falta hablar, que ya sabemos todo uno del otro, se acaba por no saber de que hablar. Por lo tanto la incomunicación conduce a no entenderse, a malentendidos y una sensación de soledad que invita a la desconfianza y falta de interés por nuestros familiares.

Si bien es cierto que las preocupaciones laborales y la rutina familiar, nos distraen frecuentemente, no son excusa para no encontrar entre estos rutinarios días, espacios en los que se pueda entablar con los hijos no largas conversaciones si no diálogos cortos de compresión, respeto y calidad.

Es importante que los padres se den cuenta que durante la adolescencia de sus hijos estos hablan menos, que no quieren contar sus intimidades a unas personas que no les van ha comprender y en su lugar buscan a sus iguales que están viviendo exactamente las mismas situaciones. Por lo tanto es de gran importancia que el padre se convierta más en un amigo de confianza en que sus hijos puedan depositar la mayoría de sus intimidades que los confunden y los llevan a equivocarse. No obstante solo la experiencia y la madures de una persona adulta puede ayudar a los jóvenes a tomar buenas decisiones, pero no buscando imponer nada, ni mucho menos comparando nuestras vivencias de cuando fuimos adolescentes ya que debemos darnos cuenta que son épocas muy distintas. Por lo que debemos conversar con los hijos y ponernos por uno, o varios instantes en su lugar, como cuando nos inclinamos de cuclillas para charlar con un niño pequeño. De esta manera les ayudamos como amigos a buscar soluciones y ha enseñarlos a que son ellos los que deben tomar la mejor desición.

Las conductas adolescentes

Para ningún adulto es un secreto que la adolescencia representa una época de múltiples cambios que son vividos con muchos sentimientos, a veces contradictorios. Toda inseguridad que tiene el adolescente se refleja en la manera de relacionarse y comunicarse con los demás. Por lo que es importante que los padres no olviden que verán esto reflejado en sus hijos. No conviene darle demasiada importancia a sus rotundas expresiones. En este aspecto debemos tener en cuenta que los adolescentes son especialmente sensibles a la crítica y desconsideraciones de los demás, estos se ubican en una época en la que creen ser el centro del universo y por que todas las persona están a su alrededor para criticarlos cuando crean estar equivocados o haciendo el ridículo. Por lo tanto no se recomienda criticar aquellas acciones o gustos de los hijos siempre y cuando no les causen ha estos ningún daño físico o moral.

Los seis errores más frecuentes que cometen los padres al conversar con sus hijos.

  1. No escuchar: Para evitarlo, es importante encontrar momentos de calma y de tranquilidad que faciliten el diálogo. En la vida actual, con sus múltiples obligaciones y prisas, es difícil encontrar tiempo y tranquilidad para escuchar adecuadamente.

  1. No prestar atención: para entender lo que el adolescente quiere decirnos detrás de sus palabras frecuentemente no se interpreta bien lo que el adolescente quiere decir. Por lo que debemos ser empaticos convirtiéndonos por un momento de padres adultos a hijos adolescentes.

  1. No escuchar positivamente: En el periodo de la adolescencia es frecuente que los padres tengan actitudes negativas hacia lo que les dicen sus hijos. Por miedo rechazan ideas nuevas o sólo ven lo malo de lo que les cuentan. Una actitud positiva y optimista facilita mucho el dialogo. Si, ante cualquier comentario de tu hijo, sólo ves lo negativo, acabará no teniendo ganas de hablar contigo

  1. Menospreciar las ideas de los adolescentes: Es frecuente considerar a un adolescente como un adulto para unas cosas y como un niño para otras. Aunque en realidad sea así, hay que tener en cuenta que el adolescente es fundamentalmente una persona diferente, con ideas propias, que pueden parecernos infantiles y exageradas. Hasta que descubra lo que realmente quiere, necesita variar de pensamientos y equivocarse. Incluso a veces sus ideas nos parecen locuras, pero simplemente son diferentes. Debes respetar sus ideas aunque no estés de acuerdo con ellas y transmitirle tu opinión con respeto, sin hacerle sentirse inferior.

  1. Tomar la manera de discutir del adolescente como algo personal: El adolescente suele acalorarse en las discusiones y persistir en sus ideas porque quiere convencerse a sí mismo de lo que dice y demostrar así que es mayor. Si no te falta el respeto, no hay que pensar que el adolescente va en contra tuya. Mantén la calma, que poco a poco entenderá y aceptará tu opinión.

  1. Ponerse a la altura del adolescente: Hay momentos en las discusiones en que es fácil creer que hablas con un igual y en que puede sentirte como si fuera tu hijo adolescente. No hay que olvidar que como padre eres un educador, no igual a él. En esos momentos recuerda que les estás educando y que tienes autoridad sobre él.

viernes, 9 de julio de 2010

Metáfora de la depresión



La depresión es uno de trastornos que afectan la vida de todas las personas alrededor del mundo sin importar su estatus social, edad, cultura, ni raza de procedencia. Comúnmente las personas que más padecen de este trastorno son los que llevan a cabo una vida muy rutinaria en donde el trabajo y la cotidianidad crean en el individuo conceptos y preguntas de introspección que sugieren su cuestionamiento sobre su importancia o posición en el mundo. El estrés uno de los autores de la depresión, ya sea por incontables razones como el trabajo o los conflictos familiares que provocan en los seres humanos un sentimiento de introversión emocional que les impide expresar sus verdaderos sentimientos y comprender su esquema psíquico que ilustran las verdaderas razones del porque no se acepta a sí mismo ni a las acciones del medio que lo rodea. Se podría comparar a la depresión como a una persona que se encuentra en una habitación completamente cerrada en donde poco a poco comienza a inundarse de agua, y en donde el peligro de quedar completamente sumergido es casi inevitable, faltando el aire esta se encamina a una muerte lenta y segura que sin duda alguna es un proceso de autodestrucción en donde el iniciar con el descuido de la apariencia y la higiene personal es uno de los primeros pasos, seguido del abandono de las actividades cotidianas como: el trabajo, la recreación, la búsqueda de la sociabilidad trayendo como consecuencia el aislamiento hacia el mundo.

La visión en blanco y negro de un depresivo es caótica y constante basándose en muchos casos en un ir y venir de sentimientos confusos hacia el medio que lo rodea, por ejemplo la sensibilidad emocional es más delicada lo que hace al individuo más anuente a lo que las personas a su alrededor opinen de el. El buscar la salida de esa habitación es el primer paso para la superación de este sentimiento, en otras palabras el buscar ayuda profesional, puede ayudar a estas personas a darse cuenta en la verdadera situación en la que se encuentran y lo oscuro que percibía el día aunque este en realidad estuviera claro.

Los propios pensamientos del depresivo son la principal fuente que impulsa los autoconceptos de baja autoestima y desvalorización personal, dando como producto la construcción de barreras que el individuo se crea para no valorar sus aspectos positivos de si mismo y de su existencia, ni tampoco de su capacidad para lograr superar todo obstáculo que se le presente en su diario vivir. Debemos hacer notar que la persona depresiva debe contar con el apoyo necesario, es decir de aquella o aquellas personas que lo ayuden a salir del poso en donde se encuentra, pero es importante que al ayudarlo no lo haga bajando hasta el poso para sacarlo, si no más bien alcanzándole los instrumentos necesario para que pueda salir por su cuenta, esto quiere decir que debemos ayudar a estas personas a sentirse bien consigo mismas y a buscar su auto aceptación, al mismo tiempo como deben aprender a mirar sus áreas positivas para sacar un provecho de estas. Es muy importante que el depresivo aprenda a ir escalando por su cuenta el poso ya que depende más de él si quiere volver a ver la luz del un nuevo día. No obstante debe estar preparado por si al estar escalando se resbale y vuelva a caer en un cruel principio del cual una segunda vez haría más difícil el tratar salir ya que los golpes de la caída harían más doloroso el nuevo intento de escapar, en otras palabras evitar el volver a rumiar esos pensamientos negativos son la mejor forma de procurar el no tropezar y caer de nuevo, en donde hábitos negativos podrían adjuntarse a la situación, como por ejemplo el uso de drogas, bebidas alcohólicas, o lo que es peor lo intentos de automutilación el cual es muy común en lo jóvenes que buscan una doble acción desesperada de llamar la atención y desahogar la acumulación emocional que sienten mediante el dolor.

lunes, 14 de junio de 2010

RELACIONES ENTRE PADRES E HIJOS

Elaborado por: lic. Rándall Cordero Montero.

RELACIONES ENTRE PADRES E HIJOS

La familia en su totalidad es un sistema en el que debe existir una buena comunicación entre sus subsistemas, para que pueda ser considerada una familia nutridora según Virginia Satir este tipo de familia es aquella que permiten que sus miembros puedan desarrollarse en su totalidad.

Para que exista una buena relación entre los miembros de una familia se considera a la comunicación como uno de los pilares más importantes que deben estar formados sobre buenas bases de confianza, compresión y empatía, estas son aspectos de complemento que deben fomentarse mediante un dialogo de buenas relaciones en donde ambas partes padres e hijos discutan las diferencias de pensamiento existentes y busquen soluciones viables.

Los errores más frecuentes que impiden se establezcan buenas frecuencias de comunicación entre padre e hijos son:

  1. las generalizaciones: Este consiste en generalizar todas las acciones que realiza el joven (el hijo) o padre de familia, como que si este siempre la realizará en todo contexto, y nunca hubiera obedecido y realizado buenas conductas positivas de agrado

  1. El uso del sarcasmo: El juicio de los mensajes que se reciben por parte de uno de los miembros de la familia, puede dar paso a diferentes interpretaciones sin quedar claro a que se refería realmente el mensaje dando paso a distorsiones en la metacomunicación o significado real del mensaje emitido.

  1. El establecimiento de etiquetas: Es muy frecuente en lo conflictos entre padre e hijo en donde uno de las dos parte pone una etiqueta al miembro, ubicando a este en una posición o categoría negativa la cual minimiza aspectos importantes de su personalidad, autovaloración y capacidad para buscar la autosuperación.

  1. El lugar y el momento que se elige: En la mayoría de las veces las discusiones o desacuerdos entre los padres y los hijos, ocurren en el lugar o el momento menos indicado lo que puede dar lugar a situaciones bochornosas en lugares públicos, lo más recomendable es tranquilizarse y comunicarse con claridad. Buscando un espacio tranquilo en donde ambas partes puedan discutir sin agresión sus diferencias o desacuerdos.

  1. Los reproches: Es algo muy común en todo tipo de discusión, popularmente conocido como “sacar los trapos sucios”. Tanto padres como hijos en el conflicto tiende a sacarse cosas negativas que alguna de las dos partes han cometido en su pasado, sin tener claro que el conflicto que están viviendo forma parte de un contexto actual y no de un pasado que superado o no, si se trae al presente en una discusión “desordenada” e intranquila, solo vendría a empeorar la situación o conflicto actual actual.

  1. El abuso de los “tú deberías, yo debería hacer”. En vez de los “qué te parece”, “quizás te convenga”, “yo quiero hacer”, “me conviene”, “he decidido”.

La imposición es uno de los principales errores en los que se puede caer en el desarrollo de una conversación entre los padres y los hijos, el hacer que uno los miembros haga lo que el otro quiere es algo que irrespeta al otro miembro como ser humano y libre de tomar una decisión. Se recomienda en el caso de los padres hacia lo hijos hacer ver a este de la forma más adecuada, las opciones más viables que le permitan un bienestar como ser humano. El hijo como ser pensante sabrá que desición tomar y que es lo más adecuado para él.

La Comunicación no verbal

Ahora bien es importante darse cuenta que la comunicación es en si un aspecto de doble canal, es decir es imposible dejar de comunicar. Siempre estamos comunicando aunque no emitamos ningún tipo de palabra, ha esto se le conoce como comunicación verbal, mediante los gestos o comportamientos realizados, emitimos un sin numero de mensajes que si saben interpretar pueden dar paso a la compresión de lo que nos podría estar queriendo decir un padre o un hijo.

Los diferentes estilos de comunicación

La comunicación dentro del grupo familiar se manifiesta mediante diferentes estilos de comunicación como:

El estilo Agresivo: las personas que se comunican con este estilo de comunicación, generalmente no tienen en cuenta la opinión del interlocutor, o si la tienen, parece que quieren imponer sus deseos sin respetar los derechos de los demás.

Son manifestaciones de actitudes agresivas en la comunicación la voz alta, los gestos de amenazas, las descalificaciones, los insultos y las desconsideraciones.

El estilo pasivo: la persona que se comunica con este estilo de comunicación acepta todo lo que el interlocutor le dice sin hacer respetar sus propias opiniones, sus propios derechos. No expresa de un modo directo a los demás sus pensamientos, sentimientos o necesidades, de manera que, al no comunicar sus deseos, no consigue resolver las situaciones de manera satisfactoria.

Son síntomas de actitudes pasivas los ojos que miran hacia abajo, la voz baja, las vacilaciones, negar o quitar importancia a la situación, la postura hundida.

El estilo asertivo: Es considerado el estilo adecuado en que las personas deben comunicarse unas a otras. En este estilo la persona utiliza un lenguaje asertivo cuando se expresa de forma que respeta tanto los derechos ajenos como los propios. Es capaz de exponer su punto de vista y defender sus derechos de una manera clara sin hacer daño a su interlocutor.

Son signos de esta actitud, mirar a los ojos, exponer claramente las cosas y un tono de voz tranquilo.

Tanto en la relación entre las personas iguales como entre las que no lo son, el estilo más adecuado de comunicación es el llamado asertivo, ya que, cuando los usamos, escuchamos y entendemos a quien nos habla, a la par que también expresamos con delicadez nuestros derechos. Si usas este tipo de comunicación, tu hijo adolescente se sentirá escuchado y tú, respetado.

Cuando en la familia existe una comunicación difusa

Existen hogares en los que el diálogo ha sido sustituido por el silencio. Las conversaciones se limitan “bueno días”, “¿quieres comer?, “me voy ha estudiar” o “adiós”.

Hay familias en las que se habla poco, sea por desacuerdo entre los padres o por costumbre. Hay muchos motivos por los que, a veces, poco a poco se habla cada vez menos; incluso con frecuencia se piensa que no hace falta hablar, que ya saben todo uno de otros; se acaba por no saber de que hablar. La incomunicación conduce a no entenderse, a malentendidos y a una sensación de soledad que invita a hablar cada vez menos.

Es cierto que las preocupaciones laborales y los quehaceres diarios nos distraen frecuentemente; además, muchas veces no apetece hablar, ni escuchar; lo único que se desea es ver la televisión.

Durante la adolescencia no es raro que los hijos hablen menos, que no quieran contar sus intimidades a los padres. A los adolescentes les gusta estar solos, tener su espacio privado. Pero eso no quiere decir que no necesiten el diálogo. La comunicación entre los padres e hijos es imprescindible para entenderse, para estar a gusto en casa.

Los padres deben procurar que el diálogo no falte en casa, en una ambiente en el que se habla poco es difícil que apetezca contar los acontecimientos vividos durante el día. Es común que en estos hogares reina el silencio; generalmente acompañado de sentimientos de soledad y tristeza. Por el contrario, en un ambiente más comunicativo en el que cada uno dice las pequeñas cosas diarias es más fácil que un hijo adolescente también cuente sus preocupaciones y se sienta más acompañado.

La comunicación con los adolescentes

Para ningún adulto es un secreto que la adolescencia representa una época de múltiples cambios que son vividos con muchos sentimientos, a veces contradictorios. Toda inseguridad y medio que tiene el adolescente se refleja en la manera de relacionarse y comunicarse con los demás. Los padres no deben olvidar que verán esto reflejado en su hijo. No conviene darle demasiada importancia a sus rotundas expresiones. En este aspecto debes tener en cuenta lo siguiente:

  1. los adolescente son especialmente sensibles a la criticas y desconsideraciones de los demás

  1. los adolescentes, sobre todo durante sus primeras etapas de desarrollo, son muy impulsivos, circunstancias que pueden ocasionar dificultades en la comunicación.

  1. los adolescentes a veces discuten más para convencerse a sí mismos que para convencer al interlocutor.

  1. los adolescentes desean afirmar su autonomía de pensamiento y de acción, por ello, sostienen con sus padres la opinión contraria, para mostrar que son diferentes.

Durante la comunicación y la creación de un dialogo entre los padres y los hijos suelen aparecer una serie de errores que son los causantes de que una conversación negativa entre padres e hijos, originando conflictos los cuales mueven una serie de sentimientos negativos hacia ambos lados. Estos errores son:

  1. No escuchar: Para evitarlo, es importante encontrar momentos de calma y de tranquilidad que faciliten el diálogo. En la vida actual, con sus múltiples obligaciones y prisas, es difícil encontrar tiempo y tranquilidad para escuchar adecuadamente.
  2. Hay que prestar atención: para entender lo que el adolescente quiere decirnos detrás de sus palabras frecuentemente no se interpreta bien lo que el adolescente quiere decir.
  3. No escuchar positivamente: En el periodo de la adolescencia es frecuente que los padres tengan actitudes negativas hacia lo que les dicen sus hijos. Por miedo rechazan ideas nuevas o sólo ven lo malo de lo les cuentan. Una actitud positiva y optimista facilita mucho el dialogo. Si, ante cualquier comentario de tu hijo, sólo ves lo negativo, acabará no teniendo ganas de hablar contigo.
  4. Menospreciar las ideas de los adolescentes: Es frecuente considerar a un adolescente como un adulto para unas cosas y como un niño para otras. Aunque en realidad sea así, hay que tener en cuenta que el adolescente es fundamentalmente una persona diferente, con ideas propias, que pueden parecernos infantiles y exageradas. Hasta que descubra lo que realmente quiere, necesita variar de pensamientos y equivocarse. Incluso a veces sus ideas nos parecen locuras, pero simplemente son diferentes. Debes respetar sus ideas aunque no estés de acuerdo con ellas y transmitirle tu opinión con respeto, sin hacerle sentirse inferior.
  5. Tomar la manera de discutir del adolescente como algo personal: El adolescente suele acalorarse en las discusiones y persistir en sus ideas porque quiere convencerse a sí mismo de lo que dice y demostrar así que es mayor. Si no te falta el respeto, no hay que pensar que el adolescente va en contra tuya. Mantén la calma, que poco a poco entenderá y aceptará tu opinión.
  6. Ponerse a la altura del adolescente: Hay momentos en las discusiones en que es fácil creer que hablas con un igual y en que puede sentirte como si fuera tu hijo adolescente. No hay que olvidar que como padre eres un educador, no igual a él. En esos momentos recuerda que les estás educando y que tienes autoridad sobre él.

La Familia Uniparental

Son aquellas familias que están conformadas por un solo miembro ya sea un padre en la mayoría de los casos una madre. Para nadie es un secreto que la madre o el padre a cargo de los hijos debe jugar dos papeles los cuales deben ser desempeñados en un 100% en sus dos roles, por lo que es necesario que el padre cuente con el apoyo de sus hijos para poder desempeñar sus tarea como figura paterna de respeto, protección y proveedor, además de figura amorosa de compresión y cariño ante sus hijos. Los hijos deben adolescentes deben y pueden comprender la carga emocional a la que se enfrenta la madre o el padre a no contar con un compañero de apoyo. Por tanto sería de mucha ayuda que el padre cuente con el apoyo incondicional de sus hijos para poder llevar a cabo las tareas del hogar y la crianza de los demás miembros sin que se pierda los roles correspondientes a cada miembro de la familia, es decir que el hijo continué con rol de hijo sin que valla a usurpar el rol de un padre o una madre ausente.

Es importante que el padre o madre al encontrarse en un hogar en donde no cuenta con una figura de apoyo igual (otro adulto) no puede tomar decisiones correctas y va dudar sobre lo que debe o no debe hacer ya que no tiene con quién compartir su visión de las cosas, por lo que el progenitor llega a sentirse superado y abrumado, y comienza a dudar de su propio criterio. En estos casos lo más recomendable es que el padre busque figuras de apoyo en las que pueda confiar para poder consultarle sobre decisiones más viables a tomar sobre temas relacionados sobre la educación de sus hijos. Estas figuras de apoyo pueden ser un amigo o amiga de la familia que sea también un padre de familia, un hermano o una hermana. O un profesional social ya sea un psicólogo o educador que cuente con la teoría básica de conocimiento enfocada en la educación de los hijos.

domingo, 16 de mayo de 2010

GRUPO DE CAPACITACIÓN Y TALLERES KIBO (S.A)






KIBO.

SIGNIFICA: ESPERANZA, LA ESPERANZA QUE NECESITAMOS LOS SERES HUMANOS PARA HACER FRENTE DE LA FORMA MÁS POSITIVA, LOS ASPECTOS NEGATIVOS QUE PERCIBIMOS DEL MUNDO QUE NOS RODEA

GRUPO DE CAPACITACIÓN Y TALLERES KIBO (S.A), LE OFRECE A SU DISPOSICIÓN TALLERES DIRIGIDOS A JÓVENES Y PERSONAS ADULTAS, ABARCANDO LOS TEMAS PSICOLÓGICOS

MÁS COMUNES QUE AFECTAN LA SOCIEDAD COSTARRICENSE

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TELF: 2771-00-84 (Lic. Jonatan Mendez)

8898-23-04(Lic. Oscar Castillo)

8319-33-08(Lic.Rándall Cordero)

Sugerencias de temas para talleres:

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  • Depresión
  • Actitudes y habilidades
  • Especialidad ley 7600


MISIÓN, VISIÓN Y VALORES DE KIBO(S.A)

MISIÓN
Buscar un equilibrio entre la salud mental y física potencializando las actitudes, y cualidades del
ser humano, fomentando los valores positivos y brindando herramientas para solucionar de
manera asertiva conflictos de la vida cotidiana, brindando una esperanza.

VISIÓN
Ser una empresa competitiva, dentro del mercado nacional e internacional, brindando un servicio
que permita al ser humano fortalecer sus capacidades, por medio de una serie de herramientas
enfocadas en la calidad humana.

VALORES

COMPROMISO: Brindar nuestro mayor esfuerzo en los proyectos, charlas, capacitaciones en las que se nos contrate.

COOPERACIÓN: Ayudar a buscar a distintas entidades, instituciones, comunidades, algunas soluciones para proporcionar un mayor nivel de bienestar

EMPATÍA: Tener la habilidad para entender las distintas situaciones y emociones que experimentan a lo largo de la vida los individuos y comprender su punto de vista.

ESPERANZA: Ayudar a las personas a tener una actitud positiva ante las situaciones negativas que perciben del medio que los rodea.

FE: Procurar que los individuos retomen la confianza necesaría para enfrentar las situaciones de la vida cotidiana

HONESTIDAD: Apegarnos a la ética profesional y sobre todo a los valores civicos y morales

RESPETO: Dar a cada ser humano el lugar que le corresponde como individuo integral y funcional de la sociedad.

SOLIDARIDAD: Compresión y compromiso ante las personas que enfrentan situaciones dificiles en su vida cotidiana